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Caballeros de la Mater

Walter Regidor

¿De dónde proviene la palabra Caballero?


Se cree que el término inglés Knight tiene su origen en muchas palabras europeas antiguas, la más importante de las cuales es la palabra inglesa antigua cnith, que significa niño o sirviente, y la palabra alemana antigua knecht, que significa sirviente o vasallo (una persona que poseía tierras o poder al jurar lealtad a una persona más poderosa, como un rey).

Somos caballeros porque somos hombres nobles que nos comportamos de manera educada, respetuosa y considerada hacia los demás. Sabemos perdonar y pedir perdón y somos fieles representantes de María. La Biblia nos dice: “Más bien sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo (Efesios 4:32)”. Ser pacientes y bondadosos con los demás nos recuerda toda la paciencia y el amor que Dios ha tenido con nosotros durante toda nuestra vida.

La caballerosidad se refiere a tener un código de conducta gentil, atento y solidario. Tener distinción, nobleza y generosidad.

Somos Caballeros porque mostramos respeto hacia la Mater y hacia los demás.

Existen órdenes como los Caballeros de la Virgen, miembros de los Heraldos del Evangelio (Evangelii Præcones, E.P.), una asociación católica internacional fundada en 2001 y erigida por la Santa Sede durante el pontificado de San Juan Pablo II.

También está La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón (Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici), llamada la Orden del Temple, cuyos miembros, los caballeros templarios, defendían la Iglesia y vivían una vida disciplinada y devota.

El Padre José Kentenich nos decía: “Bajo la protección de María queremos aprender a educarnos como personalidades recias, libres y sacerdotales”. Para ello necesitamos ese temple para ser firmes en nuestras convicciones, creencias y seguir fieles a la Mater como intercesora ante Jesucristo.

El ser un caballero es un honor y trae una responsabilidad, como el ser nombrado Sir o Dame en Inglaterra, el honor más alto que una persona no perteneciente a la monarquía puede recibir. La palabra responsabilidad viene del latín responsum, o la habilidad de responder: nuestra habilidad de responderle a María.

En España, el caballero también era conocido como Hidalgo, quien posee la virtud de la hidalguía, es decir, el honor y el orgullo de la lealtad a una tradición. Es esa virtud la que da compostura y templanza. En nuestro caso, es una lealtad a través de una Alianza de Amor con la Mater.

En la Edad Media, el caballero tenía la misión de encarnar la idea cristiana del derecho y la justicia en tiempos agitados, en medio de una sociedad marcada por la violencia y la crueldad. La Caballería terminó siendo una cofradía, una hermandad. Hoy, el espíritu del caballero nos recuerda que debemos esforzarnos por ser valientes, honorables, caballerosos y justos. En un mundo lleno de oscuridad, el espíritu del caballero brilla como un faro de esperanza para llevar la palabra de Dios con nuestro actuar.

Caballeros en la Fe en la Biblia:

Abraham se convirtió en un Caballero de la Fe porque voluntariamente levantó el cuchillo para sacrificar a Isaac. Jesús se convirtió en un Caballero de la Fe porque voluntariamente murió en la cruz. Pablo fue un Caballero de la Fe porque voluntariamente fue a Jerusalén.

Un cristiano caballero se siente cómodo consigo mismo y en el mundo. Demuestra sinceridad y honestidad. Puede conversar con alguien que no está de acuerdo sin levantar la voz. Ha aprendido a ser “…todo para todos…” (1 Cor 9:22).

Max Brunner (12/12/1897 – 23/04/1917): Autor del libro “Prisionero de la Mater”.

Dirigió unas palabras de agradecimiento y amor a la Mater en nombre de los nuevos sodalicios. Mirando la imagen de la Virgen exclamó: "¡Yo veo en alto el estandarte de la Virgen!... Ave imperatrix! Morituri te salutant!" (¡Salve emperatriz! Los que van a morir te saludan). Los caballeros se consagraban a la Reina antes de morir. Reconocen a la Mater como Reina Madre de Jesucristo. Brunner la llama “Alteza Maternal”.

Su participación activa en la Congregación duró hasta el 14 de marzo de 1916, cuando fue reclutado al ejército con 18 años. Sobrevivió varias batallas y regresaba al Santuario para recargarse espiritualmente. Muere en el campo de batalla en 1917.

Brunner resume las opiniones de sus amigos: "Más intimidad... debemos cavar en profundidad para construir en lo más alto... ofrecer a la Mater nuestro amor y sacrificios... aspirar a un plan diario y al Examen particular para crecer en virtudes". Deseaban recordar siempre a la MTA y su capillita de gracias.

El P. José Kentenich nos dice que en tiempos de crisis debemos estar:

“Alegres en la esperanza, seguros de la victoria, con María hacia los tiempos más nuevos”.

El hombre nuevo para una comunidad nueva.

“A pesar de nuestras miserias, la Mater nos necesita”.

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